domingo, 2 de junio de 2013

Inundaciones y Sequías en Argentina

Inundaciones y sequías

En los siguientes mapas se muestran zonas del territorio Argentino con problemas hídricos extremos: inundaciones y sequías. Ambos fenómenos afectan y condicionan la vida de sus habitantes. Según la Dirección de Cambio Climático, “aunque los impactos presentes y futuros del cambio climático afectan a todas las poblaciones, las más afectadas son y serán las comunidades más pobres, ya que para ellas eventos como sequías, inundaciones y tormentas suelen ser experiencias terribles al poner en riesgo su vida debido a su alta dependencia de los recursos naturales que las rodean y su limitada posibilidad de adaptación a las futuras condiciones climáticas sin ayuda externa” .

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MAPA DE SEQUIAS

Las sequías resultan de condiciones hídricas en las que prevalece la escasez de agua como resultado de precipitaciones insuficientes en una serie de años sucesivos1. Como consecuencia, la disponibilidad de agua decae por debajo de los requerimientos estadísticos de un área y, por lo tanto, no resulta suficiente para abastecer las necesidades de las plantas, los animales y los humanos. La sequía es un proceso complejo, se presenta en general en zonas de lluvias con régimen variable y depende de la escasa o nula ocurrencia de precipitaciones, de la capacidad de almacenamiento del suelo (balance hídrico negativo) y de las características de la cubierta vegetal. Sus consecuencias son más graves en las poblaciones de menores recursos: las pérdidas en la producción provocan inseguridad alimentaria, desnutrición, epidemias y desplazamientos de poblaciones hacia otras zonas.

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MAPA  DE INUNDACIONES

Las inundaciones (o anegamiento temporario de tierras) se originan por lluvias intensas, por deshielo y por los fuertes vientos que provocan el desbordamiento de los ríos y embalses en el interior del país y en las zonas costeras.
Una parte importante del territorio argentino se encuentra expuesta al riesgo de inundaciones. La principal área de riesgo se extiende por el centro y el este del país, principalmente en las zonas bajas o con escasa pendiente expuestas a las crecidas de los ríos, como es el caso de la margen derecha del río Paraná y la cuenca del Salado del Sur. En estas zonas, el riesgo se ha incrementado en las últimas décadas debido a diversos factores, como la expansión de la superficie construida en las ciudades del área, lo que vuelve impermeable el suelo y facilita el escurrimiento del agua de lluvia hacia zonas más bajas y a la importante deforestación en la cuenca superior del sistema Paraná- Paraguay (Brasil) que provoca la crecida de los ríos ubicados aguas abajo.
En la costa del Río de la Plata, las inundaciones están asociadas al fenómeno meteorológico conocido como Sudestada, caracterizado por vientos persistentes, de regulares a fuertes, del sector sudeste, lo cual produce un aumento del nivel del río que ocupa las zonas bajas.
La Región Metropolitana de Buenos Aires, no escapa a esta situación, siendo cada vez más vulnerable a causa del Cambio Climático. Las inundaciones se producen por una concurrencia de factores, las intensas lluvias que provocan el anegamiento y desborde de los arroyos metropolitanos, que corren generalmente entubados por debajo de la ciudad y los fuertes vientos del sector sudeste que dificultan su escurrimiento al Río de la Plata. A estos factores naturales se suma el crecimiento descontrolado de la ciudad, la obsolescencia, insuficiencia y escaso mantenimiento del sistema de desagüe pluvial, el relleno y ocupación de franjas costeras que dificultan aún más el drenaje.
Entre los principales efectos o consecuencias de las inundaciones se destacan la interrupción de vías y medios de comunicación, el deterioro o la destrucción de viviendas y otros edificios, la pérdida de cultivos y la inutilización temporaria de los suelos agrícolas y su deterioro por la erosión hídrica, la salinización, la contaminación de las aguas, la proliferación de vectores de enfermedades y el consecuente riesgo para la salud de la población.
Los sistemas de alerta meteorológica se han ido afianzando, pero aún no hay cultura de suspensión de actividades ni de evacuación preventiva de ocupantes de zonas en situación de riesgo.

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