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domingo, 5 de junio de 2011

Casas Tomadas

Más de 12.000 casas tomadas hay en Buenos Aires



19/01/09

Actualmente en la ciudad de Buenos Aires hay más de 12.000 casas tomadas, de las cuales aproximadamente el 40% pertenecen al gobierno nacional y al de la ciudad de Buenos Aires, y el resto a particulares.

Como mínimo en cada uno de estos inmuebles viven 10 personas y en algunos hasta 200, por lo que se puede inferir que prácticamente más de 100.000 personas “habitan” en casas tomadas.

El propio Gobierno de la Ciudad estima que un 10% de la población porteña, unas 300.000 personas, viven precariamente y en graves condiciones de hacinamiento en villas, asentamientos y casas tomadas.

También hay que sumarle una cantidad indeterminada que vive en conventillos o piezas de hoteles en pésimo estado de sanidad.

Actualmente los barrios en que proliferan las casas tomadas son: La Boca, San Telmo (ocupaba el primer lugar hasta hace unos cuatro años), Almagro, Montserrat, Floresta, Palermo Viejo, Villa Crespo, Mataderos, porque aún conservan casas antiguas de muchas habitaciones.

El Instituto de la Vivienda de la Ciudad –IVC reconoce que la ciudad mantiene un déficit habitacional de larga data y que faltarían construir al menos unas 70.000 viviendas, para palearlo.

En la década de los 90 las casas tomadas eran 3000 y este crecimiento exponencial a más de 12.000 es una confluencia de varios factores, sobre todo los derivados de la crisis del 2001.

Como las propiedades se revaluaron significativamente a partir del 2004/5, muchos dueños de casas iniciaron o activaron las causas judiciales a los efectos de recuperarlas para poder venderlas.

Con el "boom" del turismo varios dueños de hoteles baratos de los que alojaban gente sin techo, decidieron convertir sus establecimientos en "hostels" para turistas.

También influyó -aunque en menor medida- algunas sentencias de juicios hipotecarios de deudores que dejaron de pagar sus créditos durante la crisis, principalmente con inmobiliarias o privados y perdieron sus viviendas porque fueron rematadas.
Las casas tomadas forman parte de un negocio redituable para las "organizaciones informales" que con asistencia legal firman contratos de alquiler con locadores "inexistentes" y les "fabrican" recibos truchos a los "inquilinos" de bajos recursos.

Ahora también hay gente que usurpa viviendas para luego conseguir alguna ayuda oficial (subsidios).

El "rescate" de una casa tomada siempre fue del 20% del valor de mercado de la propiedad, considerando que está ocupada.

Enrique Abatti, fundador y directivo de la Cámara de Propietarios de la República Argentina (CAPRA), explicó que "hace dos meses inicié el lanzamiento de una casa tomada en Almagro pero la jueza se asustó y lo suspendió porque los ocupantes amenazaron con arrojar garrafas".

El Gobierno de la Ciudad se maneja con mucha torpeza en este tema porque "al ofrecer subsidios de hasta $ 12.000 fomenta las usurpaciones".

En este edificio “estaban censadas 41 familias, cuando fui a hacer el lanzamiento en mayo ya había 61 familias ( al enterarse de la existencia del subsidio) y cuando lo concrete "en unos meses más - seguramente habrá más de 80 si no se viene abajo el edificio antes", enfatizó Abatti

El auge de las casas tomadas se inicia a partir de 1984 cuando se disminuyeron las penas por usurpación de inmuebles (modificación del artículo 181 del Código Penal)

Diez años después en 1994 se volvió al sistema anterior, aumentando las penas y "en caso de usurpación, el desalojo inmediato con intervención de la Policía".

En el 2004 la Legislatura porteña votó una ley que declaraba a la Capital en estado de "emergencia habitacional" obligando a la Ciudad a destinar entre 50 y 100 millones de pesos anuales para construir viviendas o ayudar con subsidios y créditos a las familias sin techo propio.

Si los subsidios se convierten en una política permanente se correría el peligro de alentar nuevas usurpaciones pero con $ 6.500, promedio de los subsidios cuántos ladrillos se pueden comprar?. Sólo para ejemplificar.

¿Y el artículo 14 bis de la Constitución Nacional del derecho a la vivienda propia de todo ciudadano?. Un problema social en crecimiento sin soluciones de fondo.

Boom de las Villas Miseria

El "boom" de las villas miseria

Villa miseria en Buenos Aires

Los índices de pobreza urbana se han disparado en Argentina, y con ellos el déficit habitacional.

Sin espacio para acomodar nuevas viviendas en sus intrincados pasillos y calles de tierra, las villas de emergencia de Buenos Aires crecen sin pausa... hacia arriba. En cuestión de semanas, allí donde antes había una caseta de chapa y ladrillo sin revocar, bien puede levantarse una estructura igualmente precaria pero de dos niveles, que luego serán tres o más.

La transformación del paisaje edilicio en barrios marginales no hace más que reflejar estadísticas recientes: según los sondeos del gobierno, la población en las llamadas "villas de emergencia" porteñas creció un 25% en los últimos dos años, para albergar hoy a unas 200.000 personas.

Esto equivale a casi el 7% de los habitantes de la ciudad, o a la llegada de 11 familias por día a algunas de las 14 villas miseria y no menos de 40 asentamientos comprendidos dentro del perímetro de la capital argentina.

"Ahorramos algo, y ahora estamos invirtiendo la plata para tener un hogar... claro que, si tuviera plata en serio, no estaríamos acá", dice Francisco Ugas Cruz, mientras se pasa el brazo por sobre la frente sudada, en un respiro antes de recomenzar la labor de construcción en el fondo de su casa.

Francisco se mudó hace sólo unos meses al Playón de Chacarita, un asentamiento irregular en el oeste de Buenos Aires, justo detrás de una de las principales estaciones de tren. Junto con su mujer y sus tres hijos, terminó aquí su peregrinar en busca de casa propia.

La historia de su familia es la de muchos otros desplazados en la capital argentina, donde el estallido socio-económico de diciembre de 2001 disparó los índices de pobreza urbana y dejó un saldo de desempleo y déficit habitacional. Lo último se ido incrementando.

Desalojo y después

Catalina Chéves y Julio Ugas

A Catalina Chéves y su esposo se mudaron hace poco a un asentamiento irregular de Buenos Aires.

La mujer de Ugas, Catalina Chéves, asegura que, desde que llegó desde Perú hace 15 años, siempre había vivido como inquilina. Hasta que le llegó una carta de desalojo y, sin el aval o garante que exige la ley argentina para arrendar, empezó un recorrido de meses por distintas oficinas públicas.

"No logré nada. Hasta que me pasaron la voz de que había un señor aquí que quería traspasar su espacio acá, hicimos el trato y nos vinimos en noviembre pasado. Yo no quería vivir en una casa tomada o no pagar alquiler... pero no me quedó otra", dice a BBC Mundo, mientras exhibe decenas de cartas y fotocopias ajadas que dan cuenta de su trajín.

Muchos de los recién llegados a las villas pasaron por lo mismo. Con los subsidios que entrega el gobierno en casos de desalojo forzado, arribaron aquí para comprar la única vivienda a la que podían acceder con el dinero que tenían en mano.

Las casetas precarias, construidas en terrenos estatales, cotizan entre AR$15.000 y 20.000l (US$4.100 a 5.500). Las que están cerca de la calle valen bastante más, y el flujo incesante de recién llegados dispara los precios hasta límites impensados unos años atrás.

"Los que ya están instalados cobran por 'las mejoras', por construir un piso más, por ejemplo. Si uno tiene 90 metros (cuadrados), se queda con 30 y vende el resto. Así funciona. Y tampoco son una maravilla, las casas, ¿eh?", ironiza Chéves.

Sin espacio

En el Playón de Chacarita viven unas 800 familias, en lo que antes era un baldío desocupado tras la privatización de los ferrocarriles, en los años 90.

La vida del asentamiento transcurre detrás de un muro de cemento descascarado, lo suficientemente alto como para hacerlo invisible para un transeúnte distraído. Hay dos entradas para todo el predio, y sólo una accesible para vehículos, por la que ni siquiera se aventuran ambulancias o patrulleros.

Adentro, las casas de ladrillos naranja, chapas y cartón corrugado se amontonan en pasillos angostos, polvorientos en verano y encharcados cuando llueve.

"Yo no tengo agua, la tengo de mangueras que nos la venden, y luz es robada de los cables".

Luis Vilca, peruano que vive en Buenos Aires.

"No hay agua corriente, y la luz en verano es un desastre con el calor... y desde el (año) 2000 es peor, porque no para de crecer", señala María Gelpi, una de las "pioneras" del Playón.

"Yo no tengo agua, la tengo de mangueras que nos la venden, y luz es robada de los cables... A mí me gustaría tener mi luz, pagar y tener una factura a mi nombre. Para poder tener un crédito, porque para todo te piden recibos", opina Luis Vilca, un peruano llegado de Lima hace 20 años, que antes vivió en una casa usurpada y se mudó a Chacarita en 2007.

"Nosotros vamos edificando de a poco, hemos tratado de armar la casa lo mejor que podemos. Pero no tenemos cloacas, tenemos un pozo ciego compartido y el baño así, con cortina... Imagínese, ahora con el problema del dengue y otras enfermedades, no puede ser que el gobierno no dé respuesta", reclama Catalina Chéves.

Erradicación en marcha

Ante el crecimiento explosivo de la construcción "villera", las respuestas de las autoridades de Buenos Aires son de corte pragmático

Aseguran que hoy es impensable trasladar villas y asentamientos enteros, porque no hay espacio físico en la ciudad para reubicar a sus habitantes. Y porque cada sector que despejan las autoridades, es de inmediato tomado por otra camada de desplazados.

Así, la política de "erradicación", en práctica desde los años '60, ha sido de a poco reemplazada por la idea de "urbanización".

"El plan consiste en proveerles infraestructura -agua, cloacas y pluviales-, formalizar el tendido aéreo de electricidad y hacer calles para resolver la cuestión de la inseguridad. Es decir, se trata de pasar de lo informal a lo formal", señala a BBC Mundo Federico Angelini, director de la Unidad de Gestión de Intervención Social (UGIS) del gobierno porteño.

La ciudad asignó un presupuesto de AR$200 millones (US$55,5 millones) a la gestión en villas durante 2009. Según las autoridades, la meta es convertir en barrios dos de las 14 villas principales antes de finales de año.

Política habitacional

En Números

  • Las "villas de emergencia" han crecido en un 25% en dos años.
  • Se estima que llegan 11 familias por día a las villas miserias.
  • Los migrantes representan el 70% de la población de asentamientos irregulares.

El problema del crecimiento de las viviendas precarias, sin embargo, es uno de los desafíos mayores. Las autoridades reconocen que el aumento poblacional es exponencial, sobre todo por la llegada de migrantes de países limítrofes, que hoy constituyen el 70% de los habitantes de estos asentamientos.

Tanto, que hace unos meses el gobierno porteño propició la idea de colocar un sistema de vigilancia policial en los accesos de las villas más céntricas, para impedir el paso de camiones con materiales de construcción.

"Las casas que están, están. Sólo buscamos mejorar la seguridad habitacional, y reubicar aquellas viviendas que sean necesarias para abrir calles o hacer mejoras de infraestructura", asegura Angelini.
El ambicioso plan, sin embargo, ha sido cuestionado por partidos opositores, que califican de "tibia" la estrategia gubernamental y proponen un debate en la legislatura.

En tanto, en el corazón de las barriadas, los propios residentes organizan mesas de trabajo para tener voz en las decisiones urbanísticas que los afectan.

En el Playón de Chacarita, el primer paso - por paradójico que suene- es lograr que las autoridades reconozcan el lugar como una villa miseria. Es que, por el momento, esta concentración urbana es técnicamente considerada "asentamiento", una categoría por debajo de las villas que no garantiza siquiera el acceso a los fondos del gobierno.